Los locos bajitos, siempre rompen…los juguetes.
por Mario Trecek para Tribuna Semanal
No es lo mismo ser “Croto” que ser un “Roto”. Lo primero tiene que ver con los excluidos adultos y lo segundo son los niños pobres, con sus ropas raídas, echas jirones, maltratados por la realidad y a veces por un adulto, son los niños del poema de Vilma Novick de “Niñez Deshilachada” o los que están en la Calle de Armando Tejada Gómez y que en estos días canta Mercedes Sosa en “Cantora” con René Pérez de Calle 13, donde habla de los niños intoxicados de paco y de carencias, como el Piki que apenas salido de la canchita de fútbol se encontró con la droga y tomó rehenes en una farmacia de Almagro a punta de un cuchillo de cocina. Son los pibes de Raúl Gonzáles Tuñon, los “juancitos caminadores” que llevan años de recorrer el camino de la miseria, como “Juanito Laguna” y su mamá Juana Montiel que pintó Antonio Berni. Los monstruos de Berni representan lo excluido. La convivencia con lo monstruoso de la realidad que nos duele, nos lastima. Son la encarnación del sufrimiento cotidiano. Cuando crecemos, nos enfrentamos a los verdaderos monstruos, ya no los que habitan en nuestra fantasía, sino los que nos representan en la realidad. Los monstruos creados por Berni, sin lugar a dudas, son personajes de Walt Disney comparados con las figuras políticas que habitan nuestro mundo. Ya no hay discursos donde “los privilegiados sean los niños” – vean “Millonario por un día” que ganó el Oscar 2009 como mejor película extranjera- tampoco se los coloca a resguardo en un pedestal como lo hace Sergio Blatto en sus cuadros o acciones solidarias sostenidas en el tiempo como lo La Luciérnaga.
El Principito ya lo dijo “Las personas mayores nunca entienden nada por sí mismas y es aburrido para los niños tener que explicarles siempre todo” “Clicleo” Enter en Fundación “Felices los niños” e ingreso al portal. (No Javier Portales de Tancacha que hacía humor con Olmedo tampoco Raúl Portal el que quiere a las mascotas y no a los niños, el que festejó porque el padre Grassi no fue a prisión, luego de que el Tribunal oral de Morón los condenara a 15 años, por abuso sexual, corrupción de menores, entre otros delitos) En ese sitio hay un poema, que es como una cachetada. Oración para no ser un niño roto y en su primer verso alega “Dile a los hombres que no me rompan / porque un niño roto / ya no puede crecer” y más adelante casi proféticamente anuncia: Que no maltraten mi frágil cuerpo. Ni hablar de Neverland de Michael Jackson, el que padecía del síndrome de Peter Pan y que ya no volverá del País del Nunca Jamás.
Los adultos no somos confiables, sino vean la película “El niño con el pijama de rayas” donde los hijos de victimas y victimarios, inventan un mundo donde la premisa es no autoeliminarse y a pesar de todo “La vida es bella” como filmó Roberto Begnini. Antes se hablaba solo de menores, hoy hablamos de niños. Antes eran sujetos para dominar, hoy sujetos de derecho, pero, el mercado los ve solo como sujetos de consumo. Antes las publicidades eran para que los padres en el día del niño le compraran tal o cual juguete, ahora el marketing está direccionado a ellos. A veces sin poder pronunciar palabras, balbucean: Pa, comprame, Ma, dame plata. Quiero, quiero, quiero y en este juego casi perverso no hay “Pido” que valga. No es que ciertos juguetes sean malos, sino lo que representan, tampoco hay que demonizarlos. Recuerdo que en los 80 mi hijo Alexis, andaba armado hasta los dientes con el cuchillo de Rambo y hoy es un pacifista acérrimo, humanista y ninguna simpatía con los Busch.
Nunca me olvidaré de aquel Niño llorando, de Bragolín, una reproducción que vendí centenares en mi negocio, porque la gente le daba ternura en el mejor de los casos y lástima en el peor. Lo colgaban en las paredes de sus hogares, para recordar que eso no querían de la niñez. ¿O era conmiseración tendiente al melodrama? Los adultos no tenemos cura cuando olvidamos el niño que nos habita y recuerdo aquellos versos de Pola Furlani, que le escribió a Gino, el selenauta de Darío: “Créeme, lo terreno / desde que medra el hombre / no tiene caso” y finalmente el que le dedicó a Nico, el hijo de Malvina: Misionerito, duérmete arrebujado, mi principito, arrebujadito. Cronopios, da pena ver un juguete roto, pero más aún es ver un niño roto.
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